LOS ESTUDIOS SON ESCALONES DEL CONOCIMIENTO QUE CIMENTAN LA LIBERTAD
La llegada estuvo sobre las 8:45 de la mañana, del día lunes. La puerta de la Institución Técnica Agropecuaria Benkos Biohò, sección primaria estaba lista para el acto de visita de los periodistas e invitados especiales cursada por el abogado, líder social, representante legal y presidente del primer partido político de Comunidades Palenquera en el país, Pedro
Adán Torres Pérez. La motivación era más que de interés, la entrega oficial del Centro de Innovación Tecnológica ORIKA en el municipio que hace 60 años lo vio nacer y crecer en sus primeros años de infancia al lado se sus abuelos, quienes quedaron encargados cuando sus padres por
pobreza emigraron a buscar
mejores posibilidades de vida. Ahora el anfitrión volvía a la edificación educativa
que significó para él sus primeras nociones escolares.
Alineados de lado a lado una veintena de jóvenes, uniformados con un impecable uniforme compuesto por pantalón verde oscuro y camisas blancas relucían con la fuerte luz solar de la mañana, en sus manos un corto bastón de roble rojo, acentuaban y los revestían de autoridad ante los presentes y miembros de la comunidad, era la Guardia Cimarrona, un cuerpo de policía civil, compuesto por personas negras de su comunidad afrodescendiente, su presencia en los actos
protocolarios era un gesto de participación
que había considerado. Estar acompañado por sus hermanos cimarrones, había contestado
ante una pregunta de uno de los periodistas.
De lado y lado hombres y mujeres conformaban
un camino de honor, daban la bienvenida a los convidados a la etiqueta de esa
mañana.
La ceremonia estuvo presidida con una
muestra musical de tambora. La potente voz de la cantadora y el repiqueo de los
tambores, incitaban a bailar la canción, a ritmo de mapalé.
El momento se tornó expectante cuando a pulmón lleno, a falta de un equipo de sonido, Una voz en alto tono retumbó en el patio y el silencio fue tomándose el escenario. Pedro Adán aprovechó el silencio y comenzó a saludar en lengua palenquera, “Así no haría, así no haría, y así no haría para toda la gente que está escuchando ahora mismo. Más gente de estos parajes, más gente de Prieto, pero también esta
gente, lo que está Prieto
no, dentro de estos parajes en Colombia”, terminó las primeras palabras y a renglón
tradujo el dialogo “Muy buenos días para todos los que están aquí, pero también
a los colombianos y colombianas que nos pueden estar escuchando en esta
mañana”.
Continuado con un efusivo agradecimiento por el recibimiento, pero además haciendo una exposición de todas las dificultades sorteadas desde su infancia hasta lo que hoy ha conseguido en su esfuerzo personal, sorteando las dificultades y penurias de un adolescente llegado de un atrasado corregimiento
de Bolívar a una ciudad moderna, grande y
con otras costumbres como Barranquilla, donde lo llevó la vida, y que tuvo la
oportunidad de hacerse profesional y hasta magister en temas jurídicos “Agradecer a todo el consejo directivo de mi
colegio.
-Por aquí, profesora Meira – dirigiendo
su mirada, señaló, con su índice derecho “por estos pasillos, por estas
calles, salía de Chopacho muy temprano, atravesábamos por donde
Simancongo, subíamos a donde Tío Arturito, cruzábamos todos los linderos del
cementerio y llegábamos cada mañana a este lugar, en aquel momento,
Escuela Rural Mixta”.
-Mirando al horizonte el azul cielo entre ramas y ramas de unos árboles de mango- continua su disertación, “Recuerdo mucho a Virginia Cedeño de Escorcia, a la profesora Beatriz y el gran Basilio Pérez, que nos daba consejo de que teníamos que estudiar” nuevamente señala ahora al otro lado del
patio. “En aquel salón, allá era mi salón, recuerdo que llegábamos temprano, pero a las 10 de la mañana nos soltaban, nos íbamos a la casa entre 9 y media a 10, a más tardar, nos íbamos y ¿saben qué? Volvíamos en una media hora, 40 minutos, con un pedazo de yuca o ñame en la mano o bollo con queso. Caminando, ahí conocimos la sabrosura y subíamos y llegábamos aquí, aquí nos
formábamos, aquí estudiábamos y aquí logré
hacer hasta cuarto de primaria, por allí, profesora, donde tenía solo dos
opciones, o irme a hacer un quinto en el municipio de Malagana, allí el
pueblo iba un poco más avanzado que nosotros, el pueblo que está aquí a la entrada, o
ir donde un familiar a Cartagena o Barranquilla, donde está la mayor diáspora
palenquera.
-Hace una pausa, toma agua de una botella plástica, se seca la frente de un lánguido chorro de sudor que se fue formando de la unión de varias gotas que emana su frente y con un pañuelo color oro como su vestuario una amplia manta diseñada especialmente para el acto- prosigue, “Dios me llevó a
Barranquilla. Estaba siendo criado por mis abuelos, mi mamá estaba vendiendo cocada en
Barranquilla, yo iba al monte con mi abuelo, Pedro Adán Torres Cáceres, y llegaba a Barranquilla y a Vicenta, habían dos mujeres rayando coco, una de ellas tenía la nariz grande, como la mía, y yo dije, esa es mi mamá, y fue en ese momento donde corrí y le di un abrazo, y le dije vieja y nos encontramos, eso fue un domingo, el lunes me llevaron a un colegio vacío, la 34 mixta, subiendo una loma grande, nuncahabía visto esa sino en Piza bonito, unos montes que quedan aquí al fondo de Palenque, cuando llego al colegio me encontré con dos cosas, una, yo creí que todos los niños eran negros, no había visto yo niños diferentes, entré al salón de clase, profesora Meira, eran unas banquetas así, me voy a sentar, y cuando
entro a sentarme, una niña se levanta, era mixta el colegio, iba yo a ir al lado de ella y dice, a mí no me sientan, al lado de ese negro vende coca, y yo, y todo el salón empezó a gritar, negrito vende coca, yo salí corriendo del salón de clase, y me metí debajo de un palo mango, como este, me acordé de este
palo, ahí me metí y solo pensaba en Palenque, al rato la profesora me manda a llamar, y entro con miedo al salón, y los niños se tapaban la cara, la boca, pero en el fondo se los escuchaba decir, negrito vende coca”.
- Mira a su alrededor a un grupo de niños negros, con ojos expectantes sentados en unas sillas colocadas diagonal donde está él ubicado, con voz pausado- continua “yo llegué a la casa y le dije a la abuela mía, yo me voy para Palenque, hombre Adancito, ¿y qué pasó?, me voy para Palenque” -con señal a una bolso de mano- dice “ustedes sí recuerdan, sé que ustedes” _-señalando a una adulta mayor-_ “si usted recuerda una bolsa, que le llamaban la bolsa de la Mencha, que era una bolsa de raya, ahí empecé a
meter mi ropa, y mis cosas, y mi abuela me dijo, se sienta ahí, que usted no va para Palenque, usted vino a estudiar, y me agarró por la oreja, y me sentó, y yo dije, ¿pero yo qué voy a hacer en un colegio donde todo el mundo se burla de mí?, y me dijo, usted no se va porque usted va a ser doctor, cuando mi abuela me dice que yo voy a ser doctor, yo le digo, será doctor de la cocada, entré a un cuarto, al otro
día me llevaron al colegio, yo tenía dos opciones, hoy solo, hoy con mi abuela, yo mejor voy solo, pero así terminé la primaria, saltando barreras invisibles, quiero contarles además, que luego vino el bachillerato, no fue fácil, niños que están aquí, el bullying no es nuevo, es viejo, pregúntenle a Fabio, lo tenían a uno a acoquinar, pero no me dejó acoquinar”.
-Respira, toma el agua nuevamente de la
botella y dice “vino el bachillerato, yo puedo contar con más libertad
esto, aunque esté mi esposa por aquí”
- Mira a la mujer que lo acompaña en la mesa principal, le pica el ojo, le sonríe, le agarra la mono- y manifiesta “me enamoré en el colegio, amor tú sabes, ya yo te he contado, y venía una muchacha caminando, y yo la vi y dije, esa está buena para mí, le comenté a un compañero del colegio y el muchacho regó, que yo dije que esa muchacha era novia mía, yo no
más le dije que estaba enamorado, que me gustaba, y la muchacha viene para encima de mí, me dice, ¿cómo es eso, que está enamorado de mí? yo no dije nada, -habla bobo- me increpó- “yo, eso y que a uno se le suben cositas es verdad, me
quedé mudo, tremendo, y esta mujer me dice, cuando yo era todo así, allá estaban todos mis compañeros riéndose de mí, y la muchacha me dice, a partir de hoy, que nadie más me vuelva a decir que tú dijiste que está enamorada de mí, y le agrega, qué esperanza tengo yo, decía la mujer, con un negro vende cocada, o es que me vas a poner la ponchera de tu mamá, yo no me volé ese día el portón
del colegio, porque ya había celador, volví yo ya a mi casa y le dije a mi abuela, me voy pa' Palenque, ahora sí que me deja ir. Ya yo estaba más grandecito, y la abuela mía, ya manqueaba y usaba un bate, un bastón, y me dijo, te voy a dar por el hocico, tú no estás entendiendo que vas a ser doctor, y otra vez le dije, doctor de la cocada, ¿por qué no llevan a Reyes mi hermano a vender? siempre me llevan a mí, y
me dice, por es que tú eres el que mejor vende las cocadas, porque yo vendía las cocadas cantando, pero quiero decirles para terminar, que llega el día de la oportunidad, y para los negros suele ser el 12 de
octubre, el mal llamado día de la raza, ese día mi profesora me dice, Pedro Adán, yo le he visto que usted como que canta y baila, ¿por qué no representa a los negros? y le dije a le dije, pero seño, y yo no soy negro. La profesora me dice usted venga el 12, representa a los negros, y le digo, vamos a ver qué se me ocurre, fue así como me fui, y ese día llegué con un tambor, al colegio”
-Se levanta de la silla y camina hacia donde está el grupo de músicos- “me presenté con un tambor, présteme por acá una silla, no pasó, mejor hace un poquito para allá, y me presenté con un tambor como este, similar a este, y todos mis compañeros me veían, y llegó la hora mía, y yo me senté en mi
tambor, y me acuerdo que le dije, yo no quería que me dijeran nada, y han de creer ustedes que me llevaron para rectoría, en mi época el que lo llevaban para rectoría es porque hizo algo, y yo que hice, y ahí en rectoría estaban reunidos los profesores, recuerdo mucho el doctor Edwin Vargas, Pedro Navarro de la Universidad Simón Bolívar, y me dice, usted qué quiere ser? y yo retrechero porque me llevaron
para rectoría, le digo, pero para qué? hablen claro, si yo no me he metido con nadie, -queremos ayudarlo- y hoy ayudarme a qué? yo qué hago en rectoría? y un profesor me dice, que si qué quiero estudiar? y ahí me acordé de mi abuela, me acordé de mi abuela y le dije, yo quiero ser doctor, y me dice el tipo, doctor de cuáles? y yo le dije, de los que ayudan a la gente, y me dan una ayuda, media beca en ese momento me brindan, para ir a la facultad de Derecho de la Universidad Simón Bolívar, y
cuando le damos media beca, yo lo quedo viendo y le digo, media beca, empiezo a pensar que las cocadas ya no se estaban vendiendo como antes, y con qué iba a pagar la otra media beca? y le digo, amigo no puedo, pero por qué? porque no tengo después con qué pagar el resto, y me dice, usted puede enseñar a tocar, y eso que usted hace allá en la universidad, le dije, si tienes una beca entera, y empiezo
a ver la luz al final del túnel, pero era vendedor de cocada de la secreta, es decir, que en la universidad nadie sabía que yo vendía cocada, yo vendía cocada, y por ahí, por el teatro Amira de la Rosa, escondía la
ponchera donde un señor que vendía queso, ese señor me la guardaba hasta que salía de clases en las noches. Un día un profesor negro, Esteban Páez Polo, Derecho Penal General, se encuentra conmigo y me dice, Pedro Adán, noto que usted llegó 5 minutos tarde, ayer, a mi clase, yo le dije y le prometí, que
le
iba a explicar, no, no, no, venga, usted tiene un problema, le digo, cuál
problema? usted es negro, y dice, claro, ese es el problema, que cuando yo
estoy en clase, la gente piensa que usted es mi hijo, y yo no le puedo
permitir a usted que venga tarde, sabíamos que yo iba a llegar temprano,
pero llovió tan duro en Barranquilla, en Barranquilla no se han acabado
los arroyos, y llovió duro, y la coca no quiere na' con agua, verdad, dónde
está la gente que vende cocada.
-Mira el público, reparte la vista por
todo el auditorio compuesto por profesoras, jóvenes afrodescendientes y
periodistas- y precisa, “la coca no quiere na' con agua, llovió, y no vendí
nada, no vendí, y traía la ponchera llena de cocada, me tocó ir a la u,
traje la ponchera a clases, me traje la ponchera para clases”.




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