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    lunes, 31 de agosto de 2026

    EL REY MOMO: LA CORONA QUE DEBERÍA NACER DEL PUEBLO CARNAVALERO.



     El licenciado Ricardo Polo Alonso, entregó una interesante reflexión de la dinámica de la escogencia de la segunda autoridad del Carnaval después de la reina del Carnaval Barranquillero. 

    Por ser de actualidad porque en este mes que comienza es la escogencia de esta figura, que no es emblemática, todo, por lo contrario, es “la representación de la inversión de los valores en la sociedad ahogante de su territorio...”

    Les quiero compartir el texto completo del mencionado investigador que tomo de las redes sociales para su análisis personal.  Por: Ricardo Polo Alonso – Colaboración - Con todo este movimiento que hay sobre el rey momo del carnaval, las inscripciones, las expectativas, los amigos que se postulan etc., quiero expresar mi humilde opinión frente al tema sin ánimos de polemizar, “aunque eso pase”...

    Hablar del Rey Momo del Carnaval de Barranquilla es hablar de una de las figuras que mejor representa el espíritu festivo, irreverente, popular y ancestral de una celebración que durante generaciones ha encontrado en la calle su verdadero escenario. Pero también es hablar de una pregunta que merece ser puesta sobre la mesa: ¿quién debe escoger a quien representa a los hacedores del Carnaval?

    El Rey Momo no es simplemente un personaje que acompaña una temporada de fiestas. Su presencia está relacionada con una tradición carnavalesca de profundas raíces, en la que la figura de Momo representa la alegría, la sátira, la crítica, el exceso y esa capacidad popular de convertir por unos días el mundo cotidiano en un territorio donde las jerarquías parecen invertirse.

    En la tradición occidental, Momo aparece vinculado a la mitología griega como una figura asociada a la burla y la crítica. Con el paso del tiempo, su presencia fue incorporándose a diferentes expresiones carnavalescas, especialmente en América Latina, donde terminó adquiriendo características propias. En Barranquilla, esa figura tomó un significado particular y comenzó a relacionarse con el espíritu popular del Carnaval.

    Por eso, cuando hablamos del Rey Momo del Carnaval de Barranquilla, no deberíamos quedarnos solamente con la corona, el cetro, el desfile o el protocolo. La verdadera corona de Momo debería representar una trayectoria.

    Una monarquía que nace de la calle

    El Carnaval tiene una particularidad que ninguna institución puede fabricar: su legitimidad nace de quienes lo viven, lo crean, lo enseñan y lo mantienen vivo.

    Son los hacedores quienes durante meses preparan sus disfraces, ensayan sus danzas, componen sus versos, construyen sus carrozas, confeccionan sus artesanías, organizan sus grupos, investigan sus tradiciones, transmiten conocimientos a las nuevas generaciones y salen a la calle a defender una memoria que no pertenece exclusivamente a una institución, sino a una comunidad.

    Por eso, la monarquía carnavalera debería entenderse como una representación simbólica de ese enorme universo de hacedores.

    Y si el Rey Momo representa a los hacedores, resulta legítimo preguntarnos si esos mismos hacedores deberían tener una participación más determinante en su elección.

    No se trata de convertir el Carnaval en una contienda política. Tampoco de desconocer las instituciones que tienen responsabilidades en la organización de la fiesta. Se trata de algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, profundamente democrático:

    que quien aspire a ser Rey Momo primero demuestre que merece representar al Carnaval y, después de superar un proceso de selección, sean los propios hacedores quienes tengan la posibilidad de elegirlo.

    Primero los requisitos, después el voto

    Una propuesta de esta naturaleza necesitaría reglas claras.

    Podría establecerse un reglamento que determine quiénes pueden aspirar al título, cuáles son los requisitos, qué trayectoria cultural deben acreditar, cuánto tiempo llevan vinculados al Carnaval, cuál ha sido su aporte a la preservación de las manifestaciones tradicionales y qué conocimiento poseen sobre la historia y el patrimonio de la fiesta.

    Ese primer filtro sería fundamental.

    No cualquiera debería llegar a una elección simplemente por popularidad, reconocimiento mediático o capacidad económica. La corona de Momo no debería comprarse, ni convertirse en un premio de relaciones públicas.

    Debería existir un proceso serio de acreditación de méritos.

    Una vez cumplidos los requisitos, los candidatos podrían presentar sus propuestas ante los diferentes sectores del Carnaval. Danzantes, músicos, disfraces, comparsas, artesanos, gestores, investigadores, actores, directores de grupos, organizaciones comunitarias y demás expresiones reconocidas como parte del universo de hacedores podrían participar en la elección.

    Entonces sí aparecería el verdadero sentido de la democracia carnavalera:

    que los que hacen la fiesta elijan a quien habrá de representarlos.

    ¿Y quiénes serían los electores?

    Aquí está uno de los grandes desafíos.

    No bastaría con decir “que voten los hacedores”. Habría que construir un mecanismo transparente para determinar quiénes tienen derecho a participar.

    Podría crearse un Registro Electoral de Hacedores del Carnaval, actualizado periódicamente y construido con criterios verificables. Allí podrían inscribirse las personas y organizaciones que acrediten una participación real y sostenida en la fiesta.

    El objetivo no sería abrir la puerta a cualquier votación improvisada, sino construir una especie de censo cultural carnavalero, donde cada manifestación tenga representación y donde se pueda garantizar transparencia.

    La tecnología incluso permitiría realizar un proceso de votación seguro, auditable y con reglas previamente conocidas.

    Porque si el Carnaval ha evolucionado durante más de un siglo, también puede evolucionar la manera de escoger a quienes lo representan.

    La corona como reconocimiento a una vida carnavalera

    Ser Rey Momo debería significar mucho más que ocupar un lugar privilegiado durante algunos días.

    Debería ser el reconocimiento a una vida dedicada al Carnaval.

    El candidato debería poder responder preguntas esenciales:

    ¿Dónde ha estado durante los años difíciles?

    ¿Qué ha aportado a su manifestación?

    ¿Qué ha hecho por las nuevas generaciones?

    ¿Qué sabe de la historia del Carnaval?

    ¿Qué ha hecho para defender las tradiciones?

    ¿Ha acompañado a su comunidad?

    ¿Ha contribuido a que otros puedan vivir dignamente de la cultura?

    Porque quizás allí está la verdadera esencia de la monarquía carnavalera.

    La corona no debería premiar solamente al personaje; debería reconocer al ser humano que ha construido Carnaval.

    Momo también debe poder representar la crítica

    Hay otra dimensión que no podemos olvidar.

    Momo es también la irreverencia.

    El Carnaval históricamente ha permitido que el pueblo se ría del poder, cuestione las costumbres, convierta las dificultades en sátira y transforme por medio del arte aquello que muchas veces no puede decirse de otra manera.

    Un Rey Momo que verdaderamente represente la esencia de su figura debería tener voz.

     

    No para convertirse en opositor de nadie, sino para ser capaz de hablar desde la cultura, desde los barrios, desde los grupos tradicionales, desde los artistas y desde quienes sostienen la fiesta.

    Y como ya lo he mencionado en varias oportunidades, un Carnaval sin capacidad de crítica corre el riesgo de convertirse únicamente en espectáculo.

    Y el Carnaval es mucho más que espectáculo.

    Es memoria, identidad, resistencia, creación, encuentro y expresión popular.

    Una monarquía más participativa

    Tal vez llegó el momento de preguntarnos si la monarquía carnavalera puede ser también una experiencia democrática.

    No se trata de acabar con la figura del Rey Momo. Todo lo contrario.

    Se trata de devolverle profundidad y legitimidad a la corona.

    Que quien la reciba pueda decir:

    “No fui escogido solamente para representar al Carnaval. Fui elegido por quienes hacen posible que el Carnaval exista.”

    Eso cambiaría completamente el significado de la corona.

    El Rey Momo dejaría de ser solamente una figura protocolaria para convertirse en una voz colectiva.

    Y quizás esa sería una de las formas más hermosas de honrar la tradición: permitir que una figura histórica evolucione sin perder su esencia.

    La pregunta queda en la calle

    Barranquilla ha construido un Carnaval reconocido en Colombia y en el mundo. Pero las fiestas no sobreviven únicamente por sus grandes escenarios, sus eventos masivos o sus estructuras organizativas.

    Sobreviven porque hay hombres y mujeres que aman profundamente lo que hacen.

    Los hacedores son quienes mantienen encendida la llama.

    Por eso, si existe una monarquía carnavalera, vale la pena preguntarse:

    ¿no deberían los hacedores tener la última palabra sobre quién habrá de llevar la corona que simbólicamente los representa?

    Primero los requisitos.

    Después, la acreditación.

    Luego, la presentación de los candidatos.

    Y finalmente, el voto de quienes hacen Carnaval.

    No para politizar la fiesta.

    No para dividirla.

    Sino para reconocer que detrás de cada danza, cada tambor, cada disfraz, cada máscara, cada verso, cada comparsa y cada tradición existe una comunidad que ha dedicado su vida a mantener vivo este patrimonio.

    Quizás entonces la corona del Rey Momo tendría un brillo diferente.

    Porque no sería simplemente una corona entregada desde arriba.

    Sería una corona levantada desde abajo por las manos de quienes hacen Carnaval.

    Y si Momo representa la voz popular, la alegría, la irreverencia y la libertad de la fiesta, quizás la mejor manera de honrarlo sea permitir que esa misma voz popular tenga también la posibilidad de escoger quién habrá de representarla.

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    Quien Soy

    authorSoy Fabio Ortiz Ribón, Comunicador Social periodista de la Universidad Autónoma del caribe, Con experiencia por treinta y cinco en medios escritos y Radiales – Diario El Tiempo, Diario del Caribe, Tiempo Caribe, Diario La Libertad. Medios Radiales- Todelar Barranquilla, Colmundo, Cadena Radial La Libertad, Radio Aeropuerto. Radio Tropical Medios Virtuales: La Gran Noticias, Canal Tropical, www.ruedalaprensa.com ESTUDIOS PROFESIONALES Especialización en Gerencia de la Comunicación Organizacional/Desarrollo Social – Univ autónoma del Caribe. Tecnólogo en Formulación de Proyectos MGA y de la Cooperación Internacional.- SENA Atlántico- Consultor - Asesor en la formulación de proyectos socio culturales de Cooperación Nacional e Internacional. , DimagenesProducciones y me especializo en la línea de investigación en el CIIU de la Simón Bolívar.
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