TODO FLUYE... HERACLITO.
Vivir y dejar
vivir, una filosofía social que se encarna en un mundo complejo donde muchos
quieren gobernar y dominar el mundo, llenos de codicias incapaces de ofrecer
posibilidades cognitivas, en la ley del dar y recibir, pero siempre en el dar,
como principio dinámico del universo, aprendiendo a pensar como buen aprendiz
de sabio.
Razones y sinrazones, pesos y contrapesos entre puntos de inflexión, son presupuestos de la existencia, alucinantes que se interponen en un ser ilimitadamente, a las también ilimitadas
deliberaciones de flujos y reflujos, todo en un inútil pensar la
vida, haciendo acopio de ideologías, dogmas y filosofías sociales del ayer, del
presente y a futuros inciertos, que Galopan cual devenires de emociones sin
sentido, en un gran lio que busca encontrar la panacea que nadie ha encontrado,
pues digerir este bocado ocasiona un
gran vomitivo de pésima glotonería.
La codicia, es el obstáculo
para la lampara de Aladino o la linterna de Diógenes, como para todo saber que
quiera destruir esa codicia, anemia perniciosa de los poderes dominantes,
gestores del embrollo bio social. Por ahora no filosofemos, sino como decía Marx,
vamos a construir un mundo mejor, explorando unidos, interrelacionando saberes
productivos para hallar la verdad que represente la democracia con un enfoque
humanista, sorteando fetichismos que pretendan imponer realidades capitalistas,
contrarias al orden progresista y a la justicia social-
La sociedad se resignó
a pensar, perdió la brújula, nada le inspira, solo vive entre contradicciones y
oposiciones sin sentido, en un conocimiento histórico utópico, que se le olvido
digerir los saberes para vivir entre placeres como únicos relatos validos que
desmitifican el desarrollo. Pan y circo hace olvidar las tiranías y toda explotación
seductora a una sociedad que vive la esperanza de las falsas utopías o del
futuro incierto y mágico, del olvido que seremos si aun continuamos en tragedia
griega.
El hombre libre
piensa haciendo del saber una reflexión para la vida. Quien no genera amen y
sentido social es un transgresor de la justicia, es un sicario del poder, es un
genocida del amor. El cambio social progresista nos transforma permitiendo una
trazabilidad de la realidad cuyo proceso alude a asegurar una potencial
biodiversidad sin límites, dejando como resultado las huellas de la felicidad
integral para unos pueblos que vienen precedidos de pensamientos llenos de
esperanza e ilusiones.
Huir de la verdad, del no pensar, es como solo sentir la mera tentación del existir. La trazabilidad une capitales de toda naturaleza que convergen en una unidad de masa crítica con la propia energía social para la defensa de la vida. La historia nos conecta con los hechos reales e irreales, con lo evidente para abanicar las brechas sociales, proformas para destruir las fuerzas adversas que proliferan en nuestros
pueblos. Mientras que el feudalismo siga articulando las políticas
negacionistas del trabajo social y el
nuevo humanismo, el desarrollo seguirá restringido y los dramas humanos crecerán
sin más, bajo una democracia comodín, trompo quiñador reinante de las derechas
belerofontes, monstruos de las cavernas, ladrones de la política pública.
Pulsiones políticas
y sociales son la degeneración y el absurdo cuando caen en manos de los escépticos
de la verdad y la justicia que por su glotonería codiciosa proliferan en medio
de la barbarie perniciosa de una política de la mentira y el engaño que junto a
los poderes imperiales hacen sombra al mundo civilizado y justo, impidiendo ver
la luz de la paz. Vida sin políticas, sin principios conducen al apoliticismo,
a la indiferencia, al rechazo de todo sentido de la vida, a la negación de
pensar y comprender el mundo.
Hanna Arendt en sus reflexiones nos empujó a mirar las formas de comprensión y el choque de las relaciones del pensar con la realidad y como ello nos lleva a organizar la política para construir un mundo mejor, procurando enderezar el sentido político pues ella, la política, forma y
deforma ante la feroz conceptualización que le imprimen
los políticos del horror en su relación social, que la han roto por su desmedida
aptitud draconiana, que trascendió para patentar un legado social para las luchas populares.
Todo esto, porque el mismo ser humano se ha convertido en enemigo de sí mismo, y la política es un detonante perturbador, para el desconcierto leproso, donde una sociedad agobiada está a la deriva, sin que medie ningún propósito de vida. Así como el cuerpo posee
un ADN, la sociedad, el mundo, la política también lo posee en su debida
naturaleza, como esencia, como estructura para conocer las distintas patologías
y de esta manera emprender procesos y diagnósticos de cambio. La visión que
hasta ahora se han dado en esta conflictividad social, es que tenemos un
sistema económico perturbador, sugerente como causante primario, cuyo poder
impide cualquier solución, salvo una revolución sugestiva, equitativa y
progresista.
Hitos históricos han estructurado ideas, pensamientos, procesos sociales bien intencionados cuyos propósitos catalizadores enfocan transformaciones para cambiar el mundo, pero las contradicciones del capitalismo con la anuencia de ciertos movimientos y actores de la política y la intelectualidad abrasiva, draconianos sin fundamento, transbordan sus doxas creando escepticismo e incredulidad con
el advenimiento
de una ignorancia crasa, a fin de impedir con estorbos codiciosos evoluciones
plausibles, como protestas para oponerlos a la deshumanización y enajenación del hombre,
cuyo concepto nuevo transfiera al mundo una concepción histórica libre, sin
disparidades legislativas rebosadas por poderes perratas.
El mundo ante esta encrucijada, no se libera del limbo social, político, cultural y económico, absorbido por un capitalismo voraz donde la humanización se ha comprimido al asombro de
elementos abrasivos, limitados a cosas fácticas a las cuales se ha
llevado a incursar el hombre, que lo han despojado de su identidad de ser para
convertirlo en una cosa, materia prima para construir una vil codicia.
La vida evoluciona,
nada la detiene, nos une y proyecta a través del amor social que da sentido,
verdad y sabiduría por medio de una praxis concisa dentro de un desarrollo
material de la existencia. Y la desune la apatía de un pueblo y un gobierno
ladino que se vulgariza con la política de la burguesía que solo proclama
desventuras seductoras desconociendo al poder popular, sueño de liberaciones e ilusiones
emancipadoras. Y de un trabajo creador para un nuevo humanismo catalizador.
Todos nuestros
pueblos deben estar conectados por fuerzas convergentes inspiradas en
interludios de vida, donde se conviva sin miedos, sin temores, solo asista el
querer productivo y el ánimo sin escépticos pensamientos, donde se destaque un
vitalismo cósmico emancipador que acceda a razones y reflexiones filosóficas
plenas de individuos creativos que sepan llenar los vacíos de las incertidumbres,
pensando entre lo divino y lo humano para la realización de la vida y su
existencia.
La epifanía política
le hace un llamado al mundo como un estilo de hacer política digna. Esta epifanía
llega ante el trastorno mundial que se debate entre ideologías confusas frente al
modo social de las actuaciones humanas, creador del trabajo colectivo esto es, la
transformación del proceso laboral, en un proceso de producción, donde el individuo
actúa en libertad orientada a las necesidades humanas. Implica ello buscar la redefinición
de una ética en la esfera pública, alineada a producir cambios, donde se
reconozca al hombre como fundamento de solidaridad, equidad, regulación transformadora,
con los nexos históricos que hablaron el lenguaje discursivo social.
La experiencia de
la libertad es la verdad, es el sentir la naturaleza del amor en la revolución
de Jesús, para la realización de la vida humana en un pacto por la vida contra
las tiranías y los fanatismos. Somos de la generación del capitalismo icónico
que se limitó a procesar seducción para capturar adeptos como medios para
alcanzar ilimitadas codicias sin fronteras, desconociendo al ser de la historia,
el de la problemática humana, el de la cosmosintesis trágica de la vida, el de
las utopías de lo implícito y lo explicito, el ser de los propósitos que se une
al existencialismo vivencial del sentir filosófico sustentado por la
convivencia humana en un fluir amoroso, donde el corazón tiene razones que la
razón ignora.
Hoy estamos también ante una epifanía social, que es el nuevo sentir de una toma de conciencia cosmológica que impulsa el pensar emancipador, tutelado por la soberanía de los pueblos, que claman la praxis del legado del amor y la convergencia de pactos por la vida que enfrenten toda amenaza contra la construcción de nuestra propia historia. La vida siempre está en juego político que se aparta del orden social, haciéndonos vivir una taxidermia política, que no es otra cosa que preservarnos de ideas artificiales plagadas de manipulaciones y discursos cuya obsolescencia las llevo a la prescripción y a la decadencia de sus autores, Como lo señalo Vargas Vila al ser despojado de su patria, por decir la verdad ascendiendo a los umbrales libres. Textos de MARIANO SIERRA S. Tomado de Internet.



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