LA RISA, LA MOFA, LA BURLA SON LA ESENCIA DEL CARNAVAL
Para el ciudadano caribeño, barranquillero nativo o por adopción el goce es uno solo y se lo disfruta en el momento que se presente, porque si lo sientes, lo bailas, lo vives o lo gozas, tienes algo común a todo
costeño y es saber qué *la vida se goza en la tierra, no es cosas de loco. Es llevar la herencia festiva en el ADN viajando por el cuerpo. No ha sido fácil en
el correr de los años convencer a Colombia, nuestro país, que tenemos razón de ser una raza atípica en
el mundo. Porque vivir para perdurar en el tiempo, solo es producto del imaginario del ser viviente, pues el carnaval es hecho por todos, pero en especial por la mujer. La mujer y el carnaval van de las manos, son la columna dorsal de múltiples danzas tradicionales, comparsas, en sí de agrupaciones
folclóricas que han legado los saberes y conocimientos ancestrales transmitiendo esa herencia caribeña a siguientes generaciones. Por eso y es bien sabido que de ellas no hablaremos nada diferente que lo que se merecen, exaltarla por su convicción de hacer, luchar, para crecer y ver surgir a sus hijos en cualquier lugar de la tierra. Han pasado los años y la mujer barranquillera ha estado allí, de brazos con
el carnaval, pujando con sus propias fuerzas. Sorteando la oscuridad cuando por momentos es invisibilizada de lo que les aportan a las celebraciones. La fiesta, quien la vive es quien la cuenta y eso es lo que se cree en la sociedad. Hoy la fiesta va cambiando y desde otras alternativas comunicativas se
vienen conociendo nuevas leyendas, vidas de mujeres que también le aportan a ser reconocidas no por una corona, diadema o aureola que la haga más notable, sino que se forjan para dejar huellas para que le registren su aporte y desde sus contribuciones, lo más justo es contarle a la comunidad. La historia la relatamos con testimonios vivos, sustraídos de las redes sociales y medios digitales que bien vale
resaltar por su magnitud e importancia en el desarrollo festivos de las mujeres curramberas en la orilla del anonimato. *Edit Collazo, es una de esas mujeres donde el efecto de la medicina es la risa, llega con la convicción de sanar sus quebrantos sin tener que acudir a cita en la IPS primero y después esperar medio año para que algún galeno cure sus pesares. Ella manifiesta que su salud está conectada con un
propósito, ser mujer fuerte, que desde sus movimientos y pensamientos conectados con la cultura se suministra el bálsamo sanatorio y su felicidad brota por encanto cuando suenan las primeras notas de las tamboras, el palmoteo, el llamador, el guache, los bombardinos u otras melodías que escucha con fuerza en febrero, “el carnaval me alivia, me sana” manifiesta.
¿Qué te duele abuela? ¿Si puedes bailar? pregunta el joven director de la danza, Carlos Maestre.
- Nada hijo, no me duele nada, sigo bailando hasta que mi Dios me de fuerzas en mis pies, mis piernas y mis energías me acompañen estaré bailando en el Cimarrón” fue la respuesta que dio *Edit Collazo, una danzante ataviada por
sus atuendos, sudaba copiosamente sus mejillas a la luz del radiante sol de tres de la tarde, sábado de carnaval, en el rudo pavimento en plena calle 17 con carrera 23 frente al malecón del Sur en el populoso Rebolo. Sus malestares de
rodillas producto de los dolores reumáticos
de días anteriores los había dejado colgado en una de las varas que sostienen
la estructura de su humilde vivienda ubicada cerca a la orilla del caño de la
ahuyama en la *avenida primera del barrio La Luz, de la Arenosa festiva, de esa
tarde de carnaval.
Edit, es una octogenaria mujer que lleva más de quince años bailando en la Danza de Congo Cimarrón, pero que en realidad son más de 60 participando
en las agrupaciones folclóricas. Su orgullo se desliza por sus arrugados labios rojos cuando afirma “yo nací bailando, a edad de 7 años, comencé mis primeros bailoteos en las fiestas de San Roque y Paseo de Bolívar donde me llevaba mi madre” lejos estaba en la mente de aquella niña que años más tarde sus esfuerzos fueran visibilizados en redes y plataformas virtuales dando cuenta de su entereza y fortaleza para preservar el legado que sembró su alegre mamá, cuando ni siquiera para
esos momentos se hablaba de *tesoros vivos, ni siquiera los medios de comunicación de la época registraban noticia así. Lo que si decían como lo siguen haciendo aún cien años después, generalizando y mostrando la distorsión de un carnaval como fiesta de *familia real, canonizando reinas como símbolo de poder distinguido, donde hay más interés en generar ambientes de exaltación, constituyéndose en un
“momento sublime esperado” por un público delirante por su soberana. Quedando claro que el carnaval es la continuidad de elites que religiosamente perpetúan un modelo aristocrático muy lejos de la esencia misma del carnaval, que es, burla, parodia y mofa a una sociedad que se recrea con el ingenio e inventiva para la inversión de los valores,
de jerarquías establecidas. En eso anda aún el festín, un siglo después. Para Edit eso es lo que menos importa. La fiesta continua y con ella la
alegría no se apaga, cuando tiene conciencia que el patrimonio es responsabilidad de quien lo genera para la recreación del dolor social, de una ciudad que siente el embate del cansancio y encuentra en los días festivos el aliciente y el recargue para avanzar en su desarrollo.
Mas allá en el llamado Cambión de la vía 40, paralelamente se vive la misma historia con otra mujer, ciega y celosa por el patrimonio festivo que dice sentir por la fiesta, ella es Deinis Larios, cumbiambera que
desde su coqueteo muestra sus encantos con su florida bollera de la Cumbiamba La Currambera, que en este anuario cumple 50 años, lleva solo ocho de estar participando con la cumplimentada agrupación, pero lo viene haciendo hace más de 50 primaveras en otras agrupaciones folclóricas, una convencida de la cultura festiva de la ciudad, su
participación como bailadora ha sido verdadero reto sobrellevando el peligro en cada madrugada que le ha tocado salir de donde vive en un barrio *peligroso en el suroriente. Para ella como sus demás compañeras les exigen ser de las primeras participantes en llegar para que sea maquillada en horas
previas a cada presentación donde le corresponde ir con sus compañeros “en este día de la batalla de flores nos tocó salir a las 3:00 de la mañana de mi casa para estar lista con las demás parejas y llegar a donde estamos desfilando, porque nos citaron
antes de 10:00 de la mañana y claro es muy riesgoso”. No es fácil sortear estas situaciones, pero por el carnaval todo es posible, se hace con el coraje, y de la mano de Dios. Pero como
“la vida no es un carnaval” las bailadoras lo saben y hacen con los colores lo que les puedan permitir, las tristezas que se
presentan en su largo andar, con apuros, son cosas que sortean para llegar a
mostrarse ante un público que reconoce sus aportes. Así lo vive varias mujeres
en el carnaval.
Desde las danzas de negros, salen más ejemplos, Angelica María Cañate, una adulta mayor, afrodescendiente, con un largo recorrido por los escenarios nacionales e internacionales bailando mapalé, abozao, bullerengue, chalupas entre otros ritmos del país, llegó hasta la tarde de danzas a mostrar su tribute cultural con su agrupación. Ella acompañada de un bastón que le permite apoyarse para caminar producto de sus actividad artística,
recuerda con nostalgia los tiempos en que siendo una mujer joven iniciadora de los bailes cantos,
disfrutaba sus participaciones con las agrupaciones folclóricas afrodescendientes que en los años 60, 70, 80 en adelante irrumpieron con la fuerza negra en los espacios que aún no eran comunes en el carnaval “siento que las cosas han ido cambiando ya los jóvenes no quieren acompañar los bailes de las danzas,
ni las cumbias, y las otras manifestaciones folclóricas, eso nos debe llevar a reflexionar sobre ese fenómeno” pero además se percibe que no solo es en las danzas o comparsas, es también en el disfraz, en las letanías, las comedias y la oralidad, es en su conjunto “las manifestaciones artísticas tienen situaciones que nos debe preocupar” para tener y recomponer el verdadero carnaval, porque sino
abordamos el hecho con criterio riguroso, reflexivo, buscando mejorar desde la esencia misma del carnaval. Teóricos universales han definido que el carnaval es “rey de burlas” volver al contexto universal donde “el poder se burla de sí mismo”. Retomar la realidad es la mejor fórmula que podríamos brindarle al carnaval para bien de la ciudad, pues en lo filosófico es una fiesta que su reina o
su rey no tenían dignidad real “de verdad”, es solo descomplejar
la vida, por un momento de humor, risas y alegrías. Textos y fotos Fabio Ortiz Ribon.
*Bibliografías.
https://www.facebook.com/share/p/17iu4STCfz/
https://prezi.com/phlgsl6qycb7/teoria-del-carnaval-de-mijail-batjin/
Entrevista Personales: Deinis Larios
Angelica
Herrera





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