Nuevamente, la parca hace presencia para arrebatarme la amistad. Ahora eres tú Carmen Peña Visbal. Hasta pronto amiga.
Comenzaré en estas cavilaciones a decirles a todos que nos conocimos en la sala redacción en el desaparecido Diario del Caribe, allá por los finales
de los años 80 del pasado siglo XX, Claro con dos milenios de vida, dirán que hemos vivido demasiado, pero no es así, es un mínimo del tiempo
por vivir, le reclamo a Dios en esta meditación nocturna de tu partida. Son las dos de la mañana para más seña. En esta hora el cielo se adorna con millares de especies celestes menores, que brillan con mayor intensidad por la negrura en la inmensidad del espacio, me trasladan a las noches navideñas
adornadas de lamparillas radiantes por doquier. No lo niego, mis ojos se nublan con las lágrimas mirando a la lejanía, tal vez buscándote en el infinito. No estas Carmen, te fuiste. Como no guardarte en mis recuerdos, si eras de esas personas que se anclan en la vida de los demás por su simpatía,
honestidad e interés de dar conocimientos a los otros. Te recordare por tu resplandeciente memoria al momento de dar las instrucciones para un mejor trabajo en la brega periodística donde te acompañe, “el que me traiga la mejor fotografía de ciudad, le doy la primera página a 4 o cinco coles” nos estimulabas a los reporteros gráficos, cuando eras la editora del diario.
No voy a olvidarte que fui uno de los
privilegiados que le leías las primeras líneas de cualquier proyecto poético
que iniciabas, con mucha seguridad me llamabas a la oficina o me invitabas a un
café para leerme tus textos literarios, “sube a la redacción que voy a contarte
algo” me decías.
Así me premiaste, con tus lecturas inéditas. Me leíste textos de poemarios en ese momento inéditos. Me permitiste hacerte comentarios, aún con el corto juicio de los componentes lucidos de la poética, despejado de toda intencionalidad, sentí tu voz agradable, tu sensibilidad, pero con contundencia actitud para denunciar las infamias causadas por las mentes perversas del demonio humano. De la
poetisa debo manifestar, además su voz propia al momento de comunicar sus creaciones. Carmen fue una poeta tan buena como periodista. Sentí en algún momento que la noticia no liberó a esa granescritora de versos. Queda una tarea pendiente con ella, recopilar su obra literaria, en agradecimiento
por lo que nos dio a los cercanos en sus pasos por la vida, que nos honró con su amistad y cariño, para que viva en sus poemarios.
Quiero dejarles o compartir dos momentos de su cosmos. Del poemario DITE, “aquí, una vez más
entre tanto pesares/ de edades remotas, /me
inclino ante ti, /eso sí, obligada por los criminales/ que Dante creó /como
conquista/ suprema/ contra la posesión/de los demonios/en el más bajo de los
infiernos.
Publicó, además: Las vestiduras de mi alma y mi
voz no te alcanza, y otros que nos dejas sin publicar. En algún momento de
manera particular de lectura me hicieron llegar COMO LLAMA QUE SE ELEVA una antología de mujeres de poetas del
Caribe Colombiano, editada por ediciones Exilio del poeta Hernán Vargascarreño.
En el fragmento de la poesía, LAS TUMBAS que está en la mencionada publicación, quiero leérsela y que la lean los amigos que conocimos a Carmen Peña Visbal. Encuentran en estas breves
frases su percepción y valoración de la vida, más allá de lo que pudo ser el personaje. Es contundente al decir que importas en lo
que le
brindas a la humanidad a la persona cuando la tienes al frente.
Por esa naturalidad y sensibilidad Carmen vivirá
en nosotros y en sus poemarios: LAS
TUMBAS,
De
pie ante las tumbas de Sartre, /el ser y la nada, /olvido y rechazo; /Simone duerme
plácida la hora que acaba, / en su tercer sexo;
Wilde
sueña que regresa / más joven y hermoso...
Nada
nos dicen las tumbas, / bajo las brumas inmensas / de quienes reposan en
silencio.



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